Mi mayor desafío en RKW

Fue una de mis experiencias más valiosísimas hasta entonces en mi carrera profesional. Era mánager de producto para uno de nuestros clientes más importantes. Mi tarea principal era la gestión de las cuentas técnicas clave, después, en mayor medida, también del área comercial. Ser el responsable para un cliente importante es el lado bonito de cada empresa. Todo lo que requería se me posibilitaba dentro de la empresa. 

Tuve que ir a España, a nuestra planta de RKW Iter en Zaragoza, para gestionar el proyecto de un cliente. Poco después me preguntaron si deseaba encargarme de la gestión de reestructuración como director de la sede.

 

Yo no podía ni hablar el castellano. Acepté e hice un curso intensivo y rápido de tres semanas. Esto bastó para encargar mis platos en el restaurante, sin embargo, no era suficiente para el trabajo.

Los conocimientos de inglés de los colegas in situ eran muy variados. Convencer a la gente es uno de mis fuertes, pero no puedo llevarlo a cabo si sólo puedo comunicarme a través de un intérprete. ¡Hay que hablar con la gente en su propio idioma!

Junto a una empresa asesora introducimos un proceso de cambio. Mejoramos desde la base la cultura empresarial. Pudimos negociar un plan social sin llegar a una huelga, algo casi increible en España.

Se dieron los primeros pasos y en 2011 teníamos por primera vez un resultado positivo. Y yo ya dominaba suficientemente bien el castellano para hablar con mis colaboradores en su idioma.

¡Hacia China!

A principios de 2012 regresé a Alemania por motivos privados. Me dieron el cargo de Director de Business Development. Y de nuevo fue la casualidad que determinó mi carrera. Nuestro cliente principal nos propuso suministrarle en su planta de producción principal en China con films fabricados directamente in situ. Es decir: necesitábamos construir una planta de RKW en China, concretamente en Guangzhou.

A finales de 2013 empezaron las obras de construcción, a mediados de 2014 pudimos preparar ya máquinas para la impresión de film. China la conocía sólo de vacaciones hechas allí. Estaba claro: la mentalidad de los alemanes y españoles se acerca más que la de las personas en Europa y Asia. Allí se arriesga más comportarse inadecuadamente, aunque las bases son las mismas: todos los colaboradores quieren ser respetados y valorados. Esto significa para mí: implicarlos en procesos de decisión, dejarles un marco de libertad y un margen de decisión propia. Esta cultura de dirección abierta unifica a RKW en todo el mundo. En todas partes preconizamos el trabajo de equipo en vez de un nivel de dirección de tipo patriarca.

Ganas de cambio. Y sin miedos.

La identificación de los colaboradores con la empresa siempre ha sido muy fuerte en RKW. Antes, cuando RKW era más pequeña, “sencillamente íbamos haciendo“. Con nuestro actual crecimiento tenemos que definir estructuras y describirlas. Deseamos continuar promoviendo la responsabilidad de cada uno de nosotros, de abajo a arriba.

La cooperación de plantas más pequeñas con grandes clientes es sólo posible porque el grupo RKW está detrás. Sino no dispondríamos ni del potencial financiero, ni de la confianza del cliente. Así reunimos las ventajas de una mediana empresa con las de un consorcio.

¿Cuál es mi motor? Tengo poco miedo a fracasar. Necesito los cambios. Me volvería loco en una oficina sólo con mis carpetas sobre mi escritorio.¡Por ello, China llegó en el momento idóneo!