Ejecutiva en jornada de trabajo parcial.

Tengo dos niños, de seis y nueve años, y trabajo como ejecutiva a media jornada. Esto exige una buena planificación y mucho talento organizativo. Tengo la suerte que Ias dos parejas de abuelos viven cerca y me apoyan con el cuidado de los niños. De todas maneras, tanto mi familia como mi empresa tienen que estar dispuestos a reaccionar flexiblemente a situaciones imprevistas.  

En RKW esto funciona muy bien. Mi jefe intenta planificar las fechas de tal manera que coincidan con mi horario de trabajo y sólo me llaman fuera de mis horas de oficina en casos realmente de emergencia. Esta consideración es para mí una forma de respeto. Por mi parte, yo también soy flexible, cuando por ejemplo se dan plazos de entrega inmediatos, reuniones prolongadas o viajes de negocios. Entonces organizo correspondientemente el cuidado de los niños para poder quedarme más horas en la oficina. Los abuelos o una amiga, que también tiene un niño, y a la que yo igualmente ayudo en casos de emergencia, me prestan su ayuda. La mayoría de las veces todo se puede planificar sin dificultades, si bien en ocasiones, hay que considerar en breve plazo el plan B.

Otro punto de peso es el tema de la delegación. Tengo un equipo excelente que lleva el día a día del trabajo sin dificultades – de la misma manera que cuando yo no estoy en el departamento. Los colegas están bien formados y saben hasta qué punto pueden tomar las decisiones ellos mismos y cuándo tienen que implicarme. En estos casos, también estoy disponible para ellos por teléfono, incluso fuera de los horarios regulares de trabajo. En estas situaciones es cuando hay que pasar al plan B. En ocasiones menos urgentes, un e-mail es suficiente y por la noche, cuando los niños ya están en la cama, o al día siguiente en la oficina, me ocupo de solucionar personalmente el asunto.

En mi opinión, alguien que pasa 70 horas semanales o más en la oficina no es éxitoso, sino la persona que es efectiva en sus horarios de trabajo y mueve los negocios. También considero un éxito invertir tiempo en cosas realmente importantes, tanto en el campo profesional como privado. E igualmente, disfrutar con lo que se está haciendo.

Un buen ejemplo que empieza a extenderse.

Trabajadores con horarios de media jornada en posiciones ejecutivas siguen sin estar previstos en muchas empresas. También en RKW los “padres con jornada reducida“ son todavía relativamente raros. Intento, siempre que me es posible, llevar a cabo modelos convenientes también para otras madres o padres.

¡Y funciona!

En realidad mi puesto de trabajo estaba publicado como una posición de jornada completa. Se buscaba un director comercial responsable para el controlling, finanzas y personal. Presenté, sin embargo, mi solicitud proponiendo separar las posiciones de finanzas/controlling y personal entre dos personas. Primeramente RKW denegó la propuesta, pues no veía ninguna posibilidad de llevar a término esta idea. Pero después de un tiempo, vieron las ventajas de este modelo. Realizamos una entrevista de trabajo y se me ofreció el cargo de directora de personal con jornada reducida de trabajo.

Mejor poner manos a la obra a presentar un listado de títulos.

En RKW los ejecutivos de dirección no se definen exclusivamente por sus títulos, lo más complicados posible. Estoy feliz que aquí ocupar un cargo no dependa primariamente de tener un título que suene importante. El éxito de una persona no se puede medir así. Más importante es la capacidad de poner algo en movimiento y tener tareas interesantes en las que se pueda aportar algo y llegar a un desarrollo personal. Necesitamos personas que “hagan“ y quieran mover algo -que disfruten con su trabajo y no sólo se sientan satisfechos de poseer un título.

Somos una sede con producción. La comunicación es por regla general muy directa. Precisamente siendo una mujer hay que disponer de algo de seguridad en sí misma. Sin embargo, la mayoría de conflictos se pueden solucionar dialogando con la correspondiente moderación. Uno de los temas cada vez más frecuentes es, por ejemplo, los meses de vacaciones por paternidad. La primavera y el verano son nuestra temporada alta. Si entonces tenemos que prescindir durante dos meses de un joven padre en la producción nos resulta difícil compensar su falta. A menudo en estos casos llegamos a un compromiso: un mes después del nacimiento del bebé; el segundo más tarde: en otoño o invierno.